Va por vosotros...

La verdad es que no sé muy bien cómo empezar… Desde hace años he vivido las Dextro y las WTS en la Casa de Campo al otro lado de la barrera... Me dejaba la voz y se me ponían los pelos de punta cuando pasaban nuestros representantes y lo disfrutaba muchísimo.

Después de estos años y haber corrido ya alguna Copa de Europa aquí en Madrid, me ha tocado debutar en una Copa del Mundo. Y no podía ser de mejor manera que delante de los míos, en casa, con toda mi afición. Ni por un segundo me hubiera imaginado que, llegado el día, sería tan y tan feliz de ver a tantísima gente apoyándome. Ésta ha sido, sin duda, una de las mejores experiencias de mi vida.


La semana empezaba bajando la carga de los entrenamientos y haciendo lo posible por descansar un poco más de lo habitual, pero los nervios empezaron aparecer y me costaba bastante dormirme por la noche.


El sábado estuve viendo el circuito de bici y ya empezaron las “dudas”. Iba a ser muy duro. En el caso de estar en el grupo de cabeza... ¿lograría aguantar? Se me iba a hacer muy largo… además, a pesar de ser un circuito super bonito, espectacular y duro, tenía una parte que no me gustaba ni un pelo: el túnel, que era bastante peligroso. Y dada mi habilidad, tenía todas las papeletas de liarla…


El domingo me levantaba prontito. Tenía todo preparado. Sólo faltaba coger las últimas cosas y tratar de meter el desayuno como fuera. A las 8:30 dejaba las zapatillas en T2 y aprovechaba para ver a Elías pasar con la bici. Le animé un poquito... y su mirada y media sornrisa me dio muy buena energía... me sentí súper feliz “sin venir a cuento”, jejejeje.



Al llegar a la Casa de Campo y ver que todavía no estaba el control abierto, me fui a calentar un poco con la bici tal y como me había mandado Jaime. Al terminar, estuve media hora larga esperando a pasar el control. Delante de mi box vi a mis dos amigos Jaime y Óscar. ¡Qué subidón! Ya estaban por aquí mis amigos. Me ayudaron a tranquilizarme, a poner los geles en el bidón, porque no daba pie con bola…


Una vez tengo todo listo y revisado, veo al míster. Me sigue tranquilizando y me dice que no me preocupe, que disfrute y que me vaya volando a calentar.


Cuando estoy en la cámara de llamadas, sigo viendo a amigos y compañeros. Los nervios empiezan a transformarse no sé muy bien en qué, pero me gusta, me siento arropada y apoyada por los míos y quiero que disfruten conmigo. Se guarda un minuto de silencio en honor a la triatleta atropellada en Italia y nos dirigimos al pontón.


A mí me gusta colocarme al final del todo, pero cuando entro veo a un pequeño grupo al fondo y a Carol junto con algunas más al principio. Dudo un poco, pero apuesto por ponerme cerca de Carol, que es apuesta segura en la natación.


Dan el bocinazo y empiezo a nadar con la cabeza dentro. Veo que enseguida consigo colocarme un poco delante, sin golpes y sin roces. Cada vez que respiraba veía a Carol y veía que íbamos más o menos igual, me quedo tranquila y disfruto de estar delante en una competición de este calibre. Voy en busca de la boya y en busca de Carol, todo perfecto, no entro en pelea con nadie y me coloco a sus pies.


Aunque es cierto que parece que poco a poco voy mejorando en cuanto a nadar a pies y en grupo, todavía me sigue costando. Primera vuelta… está Carol a pocos segundos y yo, detrás, genial, no podía ir mejor la cosa, así que me digo: “Aguanta aquí y sigue manteniendo esta posición”. Enfilo la última recta hacia el pontón y noto como Maya intenta hacerse hueco... Sin entrar en pelea, no dejo que me adelante, no quiero perder el grupo en T1 y para eso tengo que salir delante y correr lo más deprisa posible. Salimos del agua, corro rápido por el pontón y escucho muchísimos ánimos. Lo único que se me pasa por la cabeza es: “Aprieta, aprieta, va todo genial; lucha y coge el grupo”. No puedo pedir más. Salgo en segunda posición del agua, liderando el grupito perseguidor de Carol y me subo a la bici segunda, enseguida dejo colocadas las zapatillas y empezamos a pedalear.


Al cruzar Madrid Rio cogemos a Carol y el grupo tira fuerte, enfilamos la Cuesta de la Vega… ¡Ay Dios mío! La primera subida fue la más dura de todas, cuando llegamos arriba solo se me pasa por la cabeza: “Coge ritmo y fuerzas, que esto se va hacer muy duro”.


Durante los primeros kilómetros no consigo encontrar un buen sitio en el pelotón (éramos un grupo de 7 chicas), y voy detrás todo el rato comiéndome algún que otro látigo. A la hora de entrar en el túnel, intento ir con cuidado, pero vamos muy deprisa. Casi nos “comemos” la primera curva, y en la segunda yo me llevo un susto de muerte... en uno de los “badenes” se me baja el manillar, escucho ruidos raros y por un momento pienso que he roto la bici. Reviso que todo está en su sitio, que no he pinchado, no se me ha caído ningún bidón, la bici sigue moviéndose… todo está bien. “Espabila que se van”, me digo…


Empiezo a verme un poco rara en la bici. Me doy cuenta de que es probable que se me haya bajado el manillar. No le doy importancia, pero es verdad que cada vez que tocaba pasar por el túnel aflojaba mucho e iba con algo de miedo y como no, acababa haciendo la goma un poco.


El circuito eran 6 vueltas y 7 subidas a la Cuesta de la Vega, allí estaban todos mis amigos, cada vez que pasaba se escuchaban unos gritos increíbles, reconocía algunas caras y muchas voces, había amigos corriendo por la acera… increíble. Recordaba lo que me había dicho Jaime los días de antes “disfruta de la carrera, en la cuesta habrá mucha gente animándote, sonríeles y ellos te van a subir”, ¡Qué razón tenía! Creo que no he tenido una experiencia “deportiva-emocional” mejor.


A mitad de sector escucho que Jaime me dice que si voy bien que “limpie” el grupo, eso consistía en dar un cambio de ritmo después de la subida con el fin de reducirlo, pero no lo tenía claro, llegaba arriba algo justa de fuerzas y corría el riesgo de ser yo la que se quedara si no hacía el cambio bien, así que no me la jugué y traté de trabajar lo máximo posible para abrir hueco con el grupo de detrás, que era muy grande.


Empezamos la última vuelta y tengo que preguntar si era la última, no lo tenía claro, se me había pasado muy rápido. Cuando paso por delante de Jaime me dice que tire, que ahora el grupo se parará y a mí no me viene bien, así que… ¡a tirar! Última subida... ¡Nooo! Las piernas parece que se acalambran un poco… “No pasa nada, ya me bajo a correr y enseguida se me pasa…”.


Dejamos las bicis lo más rápido posible y salgo a correr como siempre, lo más rápido que puedo, pero me noto que me falta fuelle. No pasa nada, van a seguir todos mis amigos animando, me van a empujar hasta la meta, estoy segura. Cojo agua en todos los habituallamientos y escucho con atención todo lo que me dice Jaime. En el primer punto de giro veo que el grupo que venía por detrás está recortando distancias muy rápido y trato de no aflojar.


Sigo viendo muchas caras conocidas en todas partes, es increíble. A pesar de que me estaba costando cada vez más trabajo levantar el pie del suelo, estoy disfrutando. Qué cosa más rara, estoy pasándolas “canutas” pero a la vez estoy disfrutando… Sencillamente, aluncinante. Tenía que dejarme el alma, si no era por mí, al menos por todos los que habían decidido estar toda la mañana del domingo ayudándome. No me conformaba sólo con disfrutar y sufrir, quería darlo todo. Así fueron pasando las cuatro largas vueltas, las subidas y bajadas, bajo los ánimos y aplausos de un público entregadísimo.


Por fin llegan los últimos 500 metros… No sé cómo describir ese momento… Simplemente, increíble… Veo por última vez a todos mis amigos, se me pone una sonrisa de oreja a oreja y no se me saltan las lágrimas porque no tenía fuerzas para ello. Toda la zona del Palacio Real aplaudiendo y gritando mi nombre… No corría, flotaba… Distingo todas las caras de mis amigos, la de mi padre, y decido disfrutar y saborear los últimos 100 metros chocando toda la hilera de manos que asoman de entre las vallas. Por fin, cruzo la meta de mi primera Copa del Mundo, en un puesto 23, muy luchado, muy sufrido y muy disfrutado.


En este momento no me puedo sentir más orgullosa de estar rodeada de todos estos amigos, del esfuerzo que he hecho con ellos, porque esta carrera la hemos hecho todos juntos. Cierto es que, me hubiera gustado correr un poco mejor, pero el cuerpo no daba para más y no deje ningún cartucho en la recamara. Ahora llegaba el momento de los abrazos, los besos, las fotos y de disfrutar con los míos y disfrutar de sus caras de felicidad, otro gran regalo el ver que ellos han disfrutado tanto como yo.


Estoy enormemente agradecida por todos los ánimos de todos los que estuvisteis el domingo, muchísimas gracias por vuestras fuerzas y espero poder repetir otro año. Ahora toca seguir trabajando para ir mejorando poquito a poco. De nuevo, mil gracias a todos.


Entradas recientes
Historial
  • Facebook Clean
  • White Twitter Icon
  • YouTube Clean
  • White Instagram Icon
  • White Google+ Icon

©2015 YA-GO SPORT MEDIA

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

suscríbete