Fuente Álamo, "un TRI diseñado para mí"

Antes de empezar como triatleta ya había escuchado hablar maravillas del Triatlón de Fuente Álamo. Hace 3 años participé por primera vez y me encantó. Ver a todo un pueblo volcado, donde todos están a tu entera disposición para ayudarte,y para todo lo que necesites, no es fácil de encontrar. Es un triatlón que te hace sentir especial, te hace sentirte importante y valorado.


Hace dos años tuve la suerte de repetir. Iba un poco mejor preparada e hice una muy buena carrera, bajándome en la T2 con Marina Damlaimcourt y María Ortega. Pude cruzar la línea de meta en tercera posición. En ese momento me sentía en una nube y no hubiese imaginado que alguna vez podría mejorar ese resultado.


El año pasado, a pesar de conseguir plaza para luchar por esas primeras posiciones, no pude asistir debido a que coincidía con el Campeonato de Europa de Triatlón Olímpico de Lisboa. Así que este año llegaba con más ganas que nunca de darlo todo en el conocido “triatlón de los triatletas”.


Unos días antes de poner rumbo a Mazarrón, le comentaba a Jaime que éste es uno de esos triatlones que me gustaría ganar una vez en la vida. Es uno de esos que al cruzar la línea de meta se te pone la piel de gallina y te emociona de una manera especial. Dicho esto, iba a Fuente Álamo con las ideas claras de hacer una buena carrera, mi carrera.


El viaje empezó el viernes por la mañana, justo para llegar a comer y descansar un poco antes de darme un chapuzón en la playa y reconocer el circuito ciclista. Recogí el dorsal después de la bici y volví para Mazarrón para descansar.


El sábado nos levantábamos a las 9 en el apartamento que compartía con mi padre, Elías y otros tres compañeros más del equipo. Desayunamos y pusimos rumbo a Fuente Álamo a dejar las zapatillas y nadar un poquito a modo de activación. Me encontré muy bien nadando, ¡todo pintaba estupendo! Ya solo quedaba comer y dejar las bicis en la T1.


Llego la hora de empezar con la fiesta… Calenté un poquito, menos de lo que debía, pero como iba algo apurada de tiempo no quería ir con prisas...


Nombran a los primeros dorsales: con el 803, Sara Pérez… y una vez estamos todas colocadas en la línea de salida, se rinde un homenaje a los triatletas fallecidos en Oliva hace unos días. Se hace un minuto de silencio y se tiran 3 rosas al mar, se me hace realmente difícil no emocionarme y reconozco que perdí un poco la concentración. Al terminar, me coloco las ganas y trato de visualizar todo lo que voy hacer.


Por fin se termina la espera y dan el bocinazo, salgo corriendo a nadar, un par de delfines y empiezo a dar brazadas, algo retrasada, pero en pocos segundos consigo ponerme delante en dirección a la boya. Me da la sensación de no haber salido especialmente rápido y dudo de si llevaré un grupito a pies. Giro la boya sin problemas y trato de buscar la segunda… “sabía” dónde estaba pero no la veía. Después de varios intentos fallidos decido hacer la “globerada” de pararme y sacarme las gafas para buscar bien. La veo sin problemas, me coloco las gafas y tiro fuerte hacia ella. En ese momento es cuando me doy cuenta de que voy sola y que tengo que seguir tirando rápido sin aflojar.


Cuando llego a la orilla empiezo a escuchar muchísimos ánimos, hay gente por todos lados gritándome que tire para adelante que he abierto bastante hueco…


Me vengo arriba y trato de hacer una buena transición… todo perfecto… me subo a la bici…


La única estrategia posible para ganar era hacer una bici dura, tirar fuerte de principio a fin. Hice los primeros 11 kilómetros, con la subida, prácticamente a tope, a una media de 251 watios (63 kilos), pero en ningún momento me vi fuera de punto, todo lo contrario. A medida que pasaban los kilómetros me iba encontrando mejor y con más fuerza. No tenía referencias con los grupos de atrás, pero viendo cómo iba, sabía que lo estaba poniendo difícil para que me cogieran…


Una vez corono, bajo con cuidado, frenando bastante más de la cuenta, pero no me importa porque sé que la pérdida son muy pocos segundos…


Cuando acaba el descenso, toca llanear unos 12 kilómetros. Esto sí que me gusta: esa sensación de ir a tope sin cansarse y notar que vas en el aire, como si fueses encima de una moto. Disfruté como una enana, trataba de ir lo más “aero” posible, pero mis brazos no aguantaban muy bien la posición (habrá que trabajar en ello)…


Llego a la segunda transición, bajo los aplausos de todo el público, coloco la bici y voy corriendo a por las zapatillas. Me las calzo “tranquila” y salgo corriendo lo más fuerte que puedo. Intento estar atenta a la megafonía a ver si dan alguna referencia, pero no oigo nada. Cuando llevo media vuelta veo que salen del box un grupito de chicas que podía estar delante, pero sigo sin referencias de Camila, Melina y Joselyn...

Enfilando la recta final de la primera vuelta, me cruzo con ellas. Veo que les saco bastante, pero no me fío mucho de mis percepciones. Sigo corriendo a todo lo que doy. Empiezo a escuchar a la gente: me dicen que ya lo tengo hecho, sus ánimos… Oigo a la megafonía que me da por vencedora, pero aún queda media vuelta. Sigo concentrada en no bajar el ritmo. El calor y el cansancio empiezan a notarse…


Giro para enfilar la última recta de medio kilómetro, aproximadamente. Hago una pequeña subidita en la que noto que las piernas no dan mucho de sí. Me cruzo con Elías que me anima y le veo muy buena cara, me pongo contenta y sigo corriendo. Me cruzo con Camila y Joselyn bastante lejos todavía, ahora sí que me lo creo, me quedan 200 metros para ganar el mejor triatlón de España. Entro en la alfombra roja chocando manos y, entre los aplausos y los ánimos del público, veo a mi padre, le choco la mano y le veo una cara de felicidad absoluta. Disfruto de los últimos metros y saboreo el gesto de levantar la cinta de un triatlón tan especial como es éste.


Al otro lado me espera Ginés, que viene a darme un abrazo… Llegué enormemente feliz y emocionada… Cojo un poco de aire, bebo un poquito y recupero para ir a ver la entrada al sprint de Camila y Joselyn y darles la enhorabuena.


Después de esta carrera no me puedo sentir más orgullosa de mi manera de ser, de mi manera de competir y de tratar siempre de hacer mi carrera.


En un deporte como el triatlón, en el cual influyen muchos factores ajenos a ti, es difícil hacer que tu carrera dependa de ti… Y parece que poco a poco voy aprendiendo a depender más de mí y menos de lo que haga el resto. Como bien dijo el míster: “si hubiera que diseñar un triatlón para ti, sería Fuente Álamo”.


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