Primera TRI-victoria internacional

El jueves a última hora de la tarde iniciaba mi viaje a Rabat. Ésta era mi primera vez en el continente africano, así que estaba bastante nerviosa por temas como la comida, transporte, cultura, alojamiento...


...Era una especie de residencia deportiva o de estudiantes, pero parecía que estaba un tanto abandonado. Por lo visto, no vivía nadie allí. Estaba lleno de apartamentos, tipo bungaló, con un entorno bastante atractivo.


El primer día, entre la recogida de llaves, cena, deshacer maletas y demás, terminé acostándome un poco tarde. La primera noche compartí bungaló con una chica tunecina y otra italiana. Aproveché para practicar un poco el inglés y hacer “nuevas amigas”...

El viernes, después del caos del transporte de las bicis a la zona de competición (el alojamiento estaba a 45’-1h en autobús), llegamos para los reconocimientos. Primero hicimos la bici: un circuito llano, rápido y nada técnico. Eso sí, había dos rotondas completamente lisas. Posteriormente nos metimos al agua: no era complicado, aunque la primera boya estaba situada a 83 metros exactamente… la natación ya tenía su “diversión”; ida en dirección al mar y vuelta a la rampa de salida.


Había algo de corriente. Sin embargo, al ser la ría tan estrecha, daba un poco igual ir pegado a la orilla o por el centro. Dimos dos vueltas y luego, una salida rápida junto con otros chicos. Estuvo divertido. Una vez visto todo y tenerlo más o menos claro, nos dirigimos al complejo a comer y a descansar, que por la tarde tocaba el briefing y correr un poquitín.


A pesar de que nuestra carrera empezaba a las 11:50, fuimos a Rabat con los chicos. Nos tocó madrugar y desayunar a las 6:45. Cogí un par de plátanos, por si acaso luego me entraba hambre. Y menos mal que los cogí, porque a cuarenta y cinco minutos de la prueba sentí un vacío terrible…


Vimos la salida de los chicos. Parecía que la corriente había cambiado y los chicos se torcían bastante... Traté de fijarme bien en el calentamiento para no cometer el mismo error. Por fin nos llamaron y nos pusieron en orden. Bajamos la rampa y nos colocamos delante de los números para no resbalar (estaba un poco “peligrosa” la salida y la llegada). Escuchamos los tambores de la banda que los tocaba, aflojaron y… ¡bocinazo de salida!...


Reconozco que fui cauta. Entré al agua con cuidado y eso me hizo no tirarme de las primeras, aunque metí la cabeza dentro y empecé a nadar lo más rápido posible hasta ver que estaba sola enfilando la boya. Recibí un pequeño golpe en la cara, pero no me desconcentró, Me entró un pelín de agua en las gafas y se me subió un poco el gorro, pero estaba todo en orden. En la primera boya me encontré con Maya, la chica holandesa que ya tenía “fichada” y sabía que era de mi nivel en los tres sectores. Fuimos nadando en paralelo hasta la segunda boya. Recibí otros tres "golpecitos" en la cara (fueron sin querer). Hasta ahora nunca había recibido golpes y cuando estaba muy pegada a alguien me alejaba. Fue una buena oportunidad para seguir aprendiendo y haciéndome a las aguas abiertas.


En la segunda boya nos cambiamos de lugar. Para verla debía respirar por la izquierda. Nos separamos un poco. En este tramo de vuelta, nos íbamos intercambiando posiciones: a la par y a pies. Finalmente, Maya salió justo delante de mí hacia boxes. Yo subí la rampa todo lo deprisa que pude y me quité el neo sin percances. Muy contenta con la transición, no sólo por ser la más rápida de la prueba en hacerla, sino porque todo me salió bien y me sentí tranquila. Me subí a la bici primera, seguida de Maya.


No hicieron falta palabras para tener un buen entendimiento. Empezamos desde el principio a relevos sin escaquearnos, buscando que la portuguesa que había salido a escasos segundos no enganchara y que pudiéramos bajarnos a correr con cierta ventaja. El entrenador holandés nos iba dando indicaciones, muy valiosas para saber a cuánto tiempo teníamos el pelotón perseguidor. No frenamos en ningún momento y, a pesar de ser una bici “fácil”, se me hizo bastante dura. La sensación de agonía y de que los descansos eran insuficientes me gustó. Me sentí genial corriendo con Maya. Era como correr con un clon mío.


Terminó el segmento ciclista. Nos bajamos a dos minutos, pero la última referencia que tenía era de la anterior vuelta: noventa segundos. Traté de ser rápida y lo conseguí. Al ver que salía de boxes en primera posición hice lo que me mandó Jaime: salir a muerte como si no hubiera un mañana... Y funcionó.


En el punto de giro vi que le sacaba unos metros de ventaja. Al paso por la primera vuelta, mis compañeros de viaje me animaron para que no aflojara: podía luchar por la victoria...


En el último punto de giro me crucé con Maya en el mismo sitio que la vuelta anterior. Fue entonces, a falta de un kilómentro para el final, cuando me lo empecé a creer... Iba a levantar la cinta de meta... Seguí apretando los dientes y entré a meta sonriendo, acordándome de todos aquellos que me han ayudado a lograr este resultado, enormemente feliz de saber que estamos trabajando bien y que vamos por el buen camino.


Esperé la entrada de Maya para felicitarla y abrazarla. Había sido la carrera perfecta para ambas y nos sentíamos súper felices.



Disfruté de cada momento, de los premios, de las entrevistas, de las fotos con la gente que nos las pedía, de mis compañeros…



Después del dia duro de la competición, regreso a casa, conversación con el míster y empezar a pensar en los entrenamientos de esta semana y en las próximas competiciones. Esto ha sido una inyección de motivación que no me viene nada mal para no bajar la guardia...


Próxima parada… ¡Lanzarote!


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