Con las pilas cargadas

Hace unas semanas Jaime me propuso ir a entrenar a Barcelona en aguas abiertas... Se trataba de “pedir ayuda” a dos expertos en esta disciplina para sacar más partido a mi natación: Erika Villaécija –cuatro JJOO a sus espaldas; en dos ha nadado los 10 km– y Cesc Godoy –gran triatleta español, con un muy buen sector de natación–. Como ya comenté hace unos meses, este año sigo apostando por el TRI y considero que este tipo de iniciativas son una inversión para aprender y mejorar.


El jueves, al salir de trabajar, me dirigí a Atocha para coger el último Ave dirección Barcelona y, así, poder dormir en casa sin necesidad de madrugar mucho. El viernes me recogió Cesc para ir al Río Besos a correr. Hay una zona muy bonita que bordea el río con césped y un sendero para correr por terreno blando. Es un circuito de 5 km de ida y 5 km de vuelta, justo para hacer los 45 minutos que me tocaban.


Después nos fuimos a su club, que está enfrente de la playa para realizar la primera sesión de aguas abiertas. Nos pusimos el neo, bajamos a la playa y nos mentalizamos para meternos al agua. Creo que tardamos cerca de 10 minutos en entrar del todo. El agua estaba muy fría y era difícil mantener la cara mucho rato dentro. Pero, al poquito de empezar a nadar, cuando se nos "congelaron" las manos, la cara y los pies, ya pudimos disfrutar del mar. Estuvimos un buen rato nadando y haciendo unos ejercicios. Yo quería, al terminar, practicar unas entradas y salidas. Sin embargo, fue imposible debido al frío. Pisar las piedras de la zona de la playa con los pies helados se convirtió en misión imposible. A pesar de todo, pasé una mañana súper entretenida y divertida. Además, las buenas sensaciones acompañaron.



Como el viernes al mediodía ya había terminado mis obligaciones deportivas, aproveché para pasar tiempo con mi padre. Me fui a comer con él y sus amigos jubilados. Prepararon un arroz caldoso riquísimo que, después de entrenar, entraba solo… Por la tarde fuimos a comprar y pasear por el mercado. Me gusta mucho ver los mercados, los pescados en los escaparates, la carne, la fruta… Fue una tarde relajada "de charleta"... Cómo se agradece tener tiempo para pasear sin estrés ni obligaciones a las que atender. No recordaba una tarde así. Y, para culminar el día, cené con mi madre.


El sábado, como cualquier sábado, tocaba hacer bici. Fue Cesc el encargado de sacarme de paseo. Yo no conozco sitios para entrenar en Barcelona... Quedamos en La Mar Vella. Acostumbrada a que en Madrid, a los 5 minutos de subirme en la bici, ya estoy en la carretera, me sentí rara al hacer un tramo bastante largo por la ciudad. Luego cogimos una carreterita recién asfaltada y sin apenas tráfico. Tenía unos 25 km. Depués hicimos una especie de bucle para subir dos puertos cortos muy bonitos y llevaderos y, al bajar del segundo, volvimos a coger la carretera del principio. Fue una ruta muy chula: pocos coches, naturaleza, llano, subida, bajada… Al final 85 km que se me pasaron volando, seguramente, por la novedad y el cambio de aires –que me sentó fenomenal–.


Mi padre me tenía la comida preparada. ¡Así da gusto! Llegar de entrenar y comer a mesa puesta... Descansé media hora y me preparé para la segunda sesión de aguas abiertas del fin de semana, esta vez con Erika.



Nos metimos al agua y estuvimos nadando un poco. Luego, aprovechando que había un barco anclado en frente de la playa, lo utilizamos de boya para practicar algunas cosillas y recibir algún que otro consejo. Fue un lujo. Soy muy afortunada de poder contar con gente de este nivel que me eche una mano. Salí de entrenar como una niña pequeña, contenta y motivada con los consejos recibidos tanto de Cesc como de Erika y, sobre todo, con más confianza en mi natación en el mar, algo fundamental para lanzarse en los triatlones a por todas.



Dediqué lo que quedaba de día al ocio. Me fui a visitar a mi madrina. Hacía años que no la veía. Pasé un rato genial. Tanto es así que se me hizo tarde y tuve que ir casi corriendo a casa porque había quedado con mi padre y una amiga para cenar… Cenamos fenomenal: "vermut" de marisco y un rodaballo buenísimo. En momentos como éste, en los que me siento enormemente feliz, es cuando echo un poco en falta estar en Barcelona... En cualquier caso, pasar un fin de semana como éste me carga las pilas de energía positiva.


Último día en Barcelona… A pesar de que quería volver a Madrid el domingo por la mañana, mi padre me convenció para que me quedara hasta por la tarde. De esta manera, comimos juntos y pude acompañarle al club a entrenar. Qué mejor plan que coincidir en el gym con mi padre, ¡jeje! Mientras el caminaba en la cinta, yo hacía mis 50 minutos de carrerita fácil con las vistas a la playa... Luego me fui a la playa a nadar yo sola, sí, sola… Los que me conocen saben que no me gusta porque me da un poco de miedo, pero no podía perder la oportunidad de meter un último entrenamiento en el mar...


Qué rápido pasó todo... de nuevo volvía a estar en el Ave. Mientras regresaba a Madrid, hice alguna reflexión que me gustaría compartir con vosotros. Como decía al principio, aunque el principal objetivo de venir a Barcelona era entrenar en aguas abiertas, al final me vuelvo a Madrid con más "cosas". Hacía años que no pasaba un fin de semana así en mi ciudad. De hecho, llevaba un año y medio sin ir... y ya no recordaba la última vez que había disfrutado, relajada y tranquila, de tres días seguidos con tiempo libre para entrenar y estar con mi familia. La sensación ha sido como volver a mi niñez, jugar en casa con mi padre mientras terminaba de montar la bici, como cuando era pequeña y hacía carreras en el pasillo con mi hermano, los paseos por la Barceloneta charlando con mi padre... en definitiva, la sensación de sentirme enormemente feliz. Al final, lo que hace que tengamos buenos resultados, no es sólo la preparación que hay detrás, sino que uno esté bien consigo mismo, que sea feliz y disfrute de cada día...


Ahora afronto la última semana antes de empezar a competir con energía, positividad y motivación...


¡Empieza la cuenta atrás!


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