Mi primera txapela

El sábado por la mañana ponía rumbo a San Sebastián para participar en el Triatlón Internacional de San Sebastián Memorial Onditz. Hacía mucho tiempo que quería subir al País Vasco a competir. Todos sus triatlones tienen mucho prestigio y todos los triatletas hablan maravillas de ellos. Así pues, llegaba con muchas ganas de competir y muy motivada para pelear por la txapela.


El sábado llegué al mediodía al hotel, a las afueras de Donosti. Aproveché a comer rápido y tirarme en la cama a descansar un poco. A estas alturas de la temporada todo descanso es poco. Van pesando las carreras y los entrenamientos y parece que cuesta más recuperarse.


Después de la siesta, que sentó de maravilla, nos acercamos Elías y yo a recoger el dorsal y ver un poco la zona. El ambiente era genial, todo lleno de gente, triatletas, donostiarras paseando, terrazas llenas… Después de hacerme con el dorsal nos sentamos en una terracita enfrente de la playa a merendar un poco y disfrutar del sonido de las olas. Mentiría si dijera que no me daba pereza hacer algo de deporte. En ese momento estaba en la gloria, pero tocaba moverse un poco… Después de darle vueltas decidí ponerme el bañador y meterme en la playa de La Concha a nadar un poquito. El agua estaba fresquita pero agradable para nadar sin neo, muchas algas en la entrada y algún que otro triatleta nadando.


Después del chapuzón, cogimos el coche para ver la bajada del circuito ciclista. Unos días antes me habían avisado del cambio de circuito y que había un tramo de un kilómetro y medio bastante peligroso. Con mi habilidad sobre la bici, creía más que conveniente ver la bajada y hacerme una idea, más aún con la previsión de lluvia que daban. Una vez en el hotel tocaba descansar y esperar a que sonara el despertador a las 5:30.


El domingo llegábamos a la playa de La Concha un poco antes de las siete de la mañana. Era de noche y pudimos ver como muchos jóvenes salían de los locales para irse a dormir… Vaya contrastes, unos madrugando para competir mientras que otros terminan la noche de fiesta para irse a la cama…



Con todo colocado en boxes, veo cómo son las transiciones. Tengo más o menos claro todo. Me dirijo a la playa a ponerme el neopreno y calentar un poco. Mi cuerpo parecía estar en la cama todavía. Estaba lenta, con poca chispa y algo fría. Pregunto cómo es el circuito de natación, ya que las boyas las colocaron a última hora, e intento visualizar el circuito.


Dan el bocinazo de salida y a mí me coge desprevenida, sin las gafas colocadas y algo despistada. Salgo corriendo a la vez que me las coloco y entro algo retrasada a nadar. Veo que hay un grupito a la derecha y que yo voy algo más alejada. Sin preocuparme mucho, sigo nadando hacia la boya. El recorrido de natación rodeaba todos los barquitos que estaban allí atracados. Así que hacíamos una especie de "U" al revés. Cuando llego a la primera boya veo sin problemas la siguiente, a la que llego bastante rápido ayudada por la corriente. Es en esa segunda boya cuando me encuentro un poco desubicada y tengo que pararme dos segundos a quitarme las gafas y ver para dónde tenía que ir, pero esta no sería la única vez que lo haría. Enseguida veo por dónde tengo que tirar y sigo bordeando los barcos por un lado y al otro el espigón. Cuando llego a la siguiente boya me vuelve a suceder lo mismo. Me vuelvo a encontrar un poco perdida, de hecho, me choco con una piragua que me delimita una corchera que imagino sería de entrada y salida de embarcaciones. Por fin enfilo la salida de la playa y nado hasta que toco el suelo con la mano. Al ponerme de pie y empezar a correr, solo veo a Elías, que me anima a que corra, y a alguna persona más. El resto de la playa estaba desierta.


Subo las escaleras hacia el paseo. Corro todo lo rápido que puedo, pero el asfalto empedrado del suelo me hace ir cada vez más despacio, ya que cada vez me dolían más los pies de las piedrecitas. Mientras me coloco el dorsal y el casco, escucho una voz que me resulta familiar... Me abrocho el casco, levanto la mirada y veo a Ainhoa Murua… ¡Vaya subidón de motivación! Cojo la bici y salgo más feliz que una perdiz.


Empiezo a rodar. Sabía que había unos 20 km llanos. Pongo una marcheta cómoda para no llegar cansada a la subida del Monte Igeldo. Esos 20 km pasan rápidos y enseguida empezó la subida tan ansiada. El paisaje cambió completamente. Me adentré en la montaña, entre la naturaleza, los árboles y algún que otro burro que había por allí. Dicen que la subida era algo dura. Y cierto es que había un par de curvas que parecían paredes, pero esos 6 km fueron los mas rápidos del circuito.

Como si mi mente desconectara del modo competición para entrar en modo “verano azul”, intenté disfrutar al máximo de ese circuito tan maravilloso. Me encontré con ciclistas animando cuando les pasaba, grupos de amigos en algunas curvas también apoyándonos y, cuando llegamos a la zona alta donde empezaba la bajada “peligrosa”, estaba lleno de voluntarios avisándonos para que redujéramos la velocidad. Menos mal que había visto la bajada el día anterior y sabía que la bici no debía coger velocidad. Los primeros dos kilómetros fueron lo peor de la carrera para mí, sólo por la tensión que me produce ese tipo de bajadas. El entorno seguía siendo increíble. Se veía el mar por la izquierda, volvías a adentrarte en la montaña: una pasada. Si no ha sido el circuito de bici más bonito en el que he competido, poco le habrá faltado…


Bueno, después de esta pasada de circuito, tocaba ponerse las zapatillas y empezar a correr, donde más sufro. Hago una T2 bastante buena y salgo escopeteda. Me noto corriendo bastante rápida, ágil y “cómoda”. Las sensaciones eran correctas. Corrí en 39 minutos y 22 segundos. Así que la primera vuelta la hago con una sonrisa de oreja a oreja. Escucho los ánimos de Elías, que estaba terminando su entrenamiento de carrera. También veo a Ainhoa que sigue animando y me da ese plus de motivación. Y sigo corriendo con la sonrisa de oreja a oreja. Cuando empiezo la segunda vuelta me encuentro con un chico (se llamaba Andoni) que me acompañaría las dos vueltas restantes. Como en la primera vuelta pude coger alguna referencia, veo que voy corriendo bien. La segunda va casi al mismo ritmo que yo y había tierra de por medio suficiente para poder pensar en la txapela. Cuando empiezo la tercera vuelta, Elías me da las indicaciones que me manda Jaime desde la distancia: “Sara, relájate y afloja”. Yo sigo a lo mío. Aunque intento pensar en aflojar, parece que mi cuerpo eso no lo admite y sigo corriendo con mi “nuevo amigo”. Por fin enfilo la recta de meta y llego al arco repleta de felicidad. No sólo había disfrutado del entorno y del ambiente, sino que había hecho una buena carrera que como premio tenía la txapela.


Cuando me entrevista el speaker y me pregunta por mis sensaciones en la prueba le comento que estoy alucinada por la cantidad de gente que había animando, por las vistas maravillosas del circuito ciclista y por el entusiasmo de todos los voluntarios y compañeros de carrera. Todo lo que había escuchado de las carreras en el Pais Vasco se quedaba corto…


Ha sido, sin duda, uno de los tris más bonitos que he hecho, en uno de los que más he disfrutado... Seguro que volveré.


Entradas recientes
Historial
  • Facebook Clean
  • White Twitter Icon
  • YouTube Clean
  • White Instagram Icon
  • White Google+ Icon

©2015 YA-GO SPORT MEDIA

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

suscríbete