Vacaciones "triatléticas"

Como todos vosotros, yo también he tenido vacaciones, pero probablemente algo diferentes...


Las mías han estado enfocadas “únicamente” a disfrutar del triatlón entrenando y compitiendo...



A la vuelta de la Copa de Europa de Holten, hablando con Jaime sobre la carrera, nos planteamos la posibilidad de ir a competir a Malmö y Tønsberg. En Holanda comprobamos que las carreras con frío se me dan bien. Parece que empiezo a sentirme cómoda en este tipo de carreras. Aprovechando las vacaciones, podía ser una buena oportunidad para seguir aprendiendo. El único hándicap que me echaba un poco para atrás era el aspecto económico y logístico, pero mientras le iba dando vueltas descubrimos que la selección noruega ofrecía a los triatletas unirse a su campus de entrenamiento previo a la Copa de Tønsberg. Entonces lo tuve claro. Hablé con Jaime, con mi padre y con Elías, y decidí seguir apostando “fuerte” por el triatlón. Ésta sería una buena oportunidad para competir con gente diferente en dos carreras con buen nivel, descubrir sitios nuevos, viajar sola, conocer gente y mejorar mi inglés... No podía decir que no. Mi viaje empezó el 3 de agosto, destino Copenhague...




Posteriormente un tren me llevaría a Malmö. Y luego un taxi que me dejaría en la puerta del albergue. En Malmö estuve de miércoles a domingo. Al estar completamente sola y algo alejada de la zona de la prueba, pensé que se me haría algo largo y aburrido, pero todo lo contrario, tenía tiempo para entrenar tranquila, para descansar, para moverme con la bici y conocer un poco la ciudad. Eso sí, me perdí varias veces, ¡jejejeje!


El sábado tocaba competir. El día no era muy bueno: nublado, mar muy revuelto, muchísimo aire… Se preveía una carrera dura. Yo fui con tiempo suficiente para calentar en la bici, pasar controles y posibles imprevistos. En este tiempo, nos informaron que nadaríamos sin neopreno (agua a 20 grados, aunque fuera hacía unos cuantos menos) y nos cambiaban la salida del pontón por una salida en línea dentro del agua (el oleaje había “roto” el pontón y no lo podían unir).


Empieza la competición. Me coloco cerca de una de las favoritas y salgo nadando a tope, aunque parece que no se avanza. Al poco, veo que por la izquierda hay una chica nadando al mismo ritmo que yo y decido irme a por ella y colocarme a pies. Me encontré nadando super fácil, disfrutando muchísimo y sin ningún tipo de agobio. Salimos las tres del agua juntas y nos dirigimos a T1.


Llego primera, aunque al montar en la bici me quedo descolgada de ellas dos y de Zapatrina, que venía por detrás. Ahí empezó mi calvario… Durante los 20 km de ciclismo mi carrera fue coger el grupo, descolgarme en giros y zonas técnicas y volver a coger el grupo… Horrible… Lo bueno: estoy en muy buena forma en este segmento, si no, hubiese sido imposible bajarme a T2 con el grupo (me quedaba unas 2-3 veces por vuelta del grupo); en segundo lugar, ya tenemos trabajo que hacer este invierno… ¡y mucho!


La carrera a pie fue genial. Me encontré rápida, en un tira y afloja con una australiana, a la que pude soltar en la última vuelta y lograr una buena séptima plaza.


Con esto terminaba la primera parada. Luego tocó preparar maletas y poner rumbo a Tønsberg el domingo por la mañana en un autobús que nos puso la organización. El viaje fue muy largo, casi 10 horas entre autobús y ferri, pero se me pasó rápido gracias a que estuve durmiendo casi todo el rato. Aproveché el viaje para empezar a conocer gente con la que coincidiría en el campus.


Al llegar al camping nos distribuyeron en los bungalós. Yo dormiría con dos chicas noruegas (juniors) y con una “rival” de Dublín. Enseguida hicimos buenas migas y, para mi sorpresa, empecé a charlar y ya no callé en toda la semana, ¡jejeje!


La semana de entrenamientos no fue muy tranquila. Entrenamos bastante, haciendo triple sesión la mayoría de días, madrugando mucho y acostándonos algo más pronto que en España. En cuanto a climatología, hubo de todo… Uno de los días fue terrible el frío que pasé corriendo, con mucha lluvia. De hecho, este invierno no recuerdo haber pasado tanto como este día. Me mojé en bici también. “Aprendí” a encontrarme algo más cómoda con el aire. También tuvimos días súper soleados y amaneceres espectaculares… Hicimos varios días de aguas abiertas, con juegos muy divertidos, e incluso... ¡me picó una medusa! (allí es al revés: hay medusas cuando el agua esta fría). El camping estaba en un sitio ideal. Mi bungaló se encontraba a 10 metros del agua. Desde allí teníamos rutas para ir por costa o entre montañas en la bici y teníamos senderos para correr. El miércoles tuvimos un entrenamiento de transiciones. A pesar de la dureza, fue increíble poder “sufrir” con esos paisajes. Yo estaba que no quería volver…



El jueves ya empezaba la "pre-race"... Fuimos al briefing. La organización, de 10. Arrancaron con una especie de actuación donde nos presentaban la ciudad vikinga como la más antigua de Noruega. Posteriormente nos llevaron al barco para hacer fotos. Como colofón, nos prepararon una barbacoa con música en directo. La gente estaba entusiasmada con la carrera y con nosotros. Nos trataban como si fuéramos estrellas. Fue increíble.


Las malas noticias llegaron el viernes cuando nos presentamos al reconocimiento del agua… Por lo visto, con las fuertes lluvias, el agua estaba en mal estado, con bacterias que imposibilitaban el baño. Empezó a correr la voz de la posibilidad de que fuera un duatlón, con lo que me va a mí… Pero bueno, no pasaba nada. Yo estaba allí para aprender. Punto. Fui a ver el circuito de carrera a pie –muy muy duro– y el de bici –muy chulo para mí– y… ¡a descansar!


El sábado a las 6:30 nos comunican que finalmente sería duatlón... Tenía una buena oportunidad para hacer una primera carrera a tope y subir a la bici reventada como una castaña.


Mi dorsal, el 10. Cuando me tocó coger sitio, decidí colocarme detrás de Yulia. No me haría tropezar e iba concienciada de salir detrás de ella… Así hice. Conseguí terminar el tramo duro de subida en el grupo de cabeza, aunque en la bajada me soltaron. Incluso, me adelantó alguna. Yo seguí a tope. Qué duro es esto de correr a fuego así de primeras.



Llegué a T1 cortada, completamente sola, a 15-20” del grupo de cabeza, y a 10” de un trío que venía por detrás. Aunque pueda parecer una “lástima”, a mí esta situación me motivó. Me centré en intentar llegar al grupo de cabeza y sólo miré hacia delante. Reconozco que fue algo frustrante ver que pasan los kilómetros y sigues a la misma distancia, mientras que por detrás vas abriendo hueco. Pero me veía capaz de lograrlo. Sólo tenía que seguir apretando. Era un buen entrenamiento y seguro que me haría tener mayor confianza en mí. Por fin, al final de la tercera vuelta (eran 4) conseguí enganchar con el grupo. Qué alivio ir a rueda. No me lo podía creer. Por fin había llegado. Por un momento pensé en arriesgar: “Ya puestos, no hay nada que perder”, pensé. Pero me faltaban fuerzas… Qué lastima…



Me bajé a T2 con el grupo y, al poner el pie en el suelo, pensaba que mis piernas eran de hierro. ¡Qué duras estaban! La parte exigente del circuito me costó una barbaridad y la bajada, igual, aunque luego ya me encontré mejor. Llegando al final me crucé con Susanna, la chica irlandesa, que me dio sus ánimos, y entré en meta en décima posición, con el orgullo de haber realizado una muy buena carrera espectacular y que no me hubiera imaginado.


Aquí terminaba mi aventura nórdica. Me deja con ganas de volver. Conocí a mucha gente, vi diferentes formas de entrenar, no pasé calor y disfruté de paisajes increíbles.


Después de la competición tocó hacer las maletas deprisa y corriendo para coger el avión. Aún quedaban otras dos semanas de vacaciones enfocadas a preparar el Campeonato de España. La primera parada sería Denia, una semana en casa de Emilio y Miri, dispuesta a pasar mucho calor y a sufrir con la humedad.


Elías y yo llegamos el domingo por la noche. El lunes empezábamos el “Campus Denia” con la Travesía a l’Escollera de Gandía. Teníamos una apuesta que no conseguimos ganar ninguno. Consistía en sumar el tiempo de Miri y Emilio contra el de Elías y mío. El pique llevaba calentándose varios días y al final quedamos empatados. Emilio, en el esprint final, me ganó por 4” y Elías hizo lo propio con Miri. Le sacó otros 4”… El primer día prometía. Por la tarde entrenamos bici y carrera suave para coger fuerzas. Nos esperaba una semana bastante dura.



Como no podía ser de otra manera, en Denia hubo de todo: piques, buenos entrenos, no tan buenos, algún "pajaroncillo", caída de bici, subidas, bajadas, pista, transiciones…". En definitiva, una semana de 20 horas de entrenamiento a tope. Quiero pensar que esta semana me vendrá bien para sobrellevar el calor y la humedad que tendremos este fin de semana en Banyoles. Y como no todo es entrenar, el viernes por la tarde nos fuimos al "barquito" de Diego (un buen personaje) a pasar la tarde entre peces y agua. Todo un lujo...


El sábado, cuando terminaron de competir nuestras chicas de la "Tri-armada" en Río, pusimos rumbo a Madrid para hacer cambio de maletas y subirnos a Lugo el domingo a primera hora de la mañana.


En Lugo todo ha sido más relajado. Hemos seguido entrenando duro. También han tocado unas 20 horas de entrenamiento y algún que otro día se ha hecho bastante cuesta arriba, pero allí todo es diferente. Es como estar en casa. Además, con mi “familia de allí” me lo paso fenomenal. Tuve la suerte de compartir algún entreno con grandes del TRI, como Fidalgo o "Chente". También coincidimos con Pakillo viendo la Vuelta. Ya os podéis imaginar las risas…



Con todo este ajetreo terminan mis vacaciones. Ahora, a pensar en descansar y sacar todo esto el próximo domingo en Banyoles, intentando disfrutar y haceros disfrutar de una gran carrera...


A los que habéis llegado hasta aquí, muchas gracias por leerme.


¡Un abrazo a todos!


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