Acariciando el podio en Melilla

Hace algunas semanas marcamos en el calendario una fecha: el domingo 10 de abril. A pesar de competir dos semanas consecutivas –ETU Quarteira y ETU Melilla–, habíamos centrado la atención en la segunda, ya que era más fácil lograr el objetivo de puntuar... Finalmente lo he conseguido en ambas pruebas.


El fin de semana no empezaba de la mejor manera. El viernes me dirigí al aeropuerto a la hora equivocada. Perdí el vuelo y me cancelaron el de vuelta. Me tocó tranquilizarme y hacer gestiones para llegar a mi destino. Finalmente bajé a Málaga en AVE. Luego, en avión hasta Melilla. Llegué el mismo viernes a última hora de la tarde. Tuve que cambiar el entrenamiento programado por un paseo por la ciudad. En esta ocasión el viaje me valía por dos: iba a competir y aprovechaba para ver a mi amiga Martita –la conocí en la Blume hace diez años–. Me alojé en su casa. Y no pude estar mejor. Además, está situada justo delante del centro neurálgico de la prueba.



El sábado me levanté pronto, cargada de energías para ver circuitos y saber cómo sería la carrera. Hacía un buen día, con sol y un calor agradable. Quedé con Cesc y Anna Godoy para nadar, junto con un amigo suyo, Jordi. Dimos un par de vueltas al circuito e hicimos alguna entrada al agua –150 metros corriendo por la playa–. Me encontré bastante bien.


Posteriormente fui a recoger mi bici para salir a mover las piernas un poco con Cesc, en un paseo que había detrás de la zona de competición. Las sensaciones fueron geniales. Por el momento, no me podía quejar.


Después de tener la mitad de los deberes hechos, había que reponer fuerzas en el Club Náutico: un poco de pescadito con el mar a cinco metros. A continuación, siesta merecida para poder ir con buena cara al briefing y enterarme de todo. Por último, fui a rodar con Anna y su chico, Pep, veinte minutos muy fáciles por el circuito; cuatro progresivos... y a descansar.


El sábado me despertaba casi a las 8:30, escuchando al speaker animando el ambiente para los júniors. Desayuné en la terraza mientras veía nadar y hacer la transición a las chicas. Me preparé y bajé a tomar un café también viendo entrar a los chicos a boxes. Un poco más tarde, me fui a nadar con Cesc. Estaba todo genial. El agua era un plato, como a mí me gusta. A las 12:00, la comida. Justo después, últimos preparativos y camino de los boxes, con tiempo de sobra para hacer el check in y colocar el material...


En esta ocasión calenté en el agua. Nadé con mi neopreno. Quería mojarlo un poco para que se me pegara y entrara la menor cantidad posible de agua.


Nos prepararon para la presentación. Yo ya estaba con los nervios a flor de piel. Mi dorsal, el 15. Fueron nombrando: 14, 16, 17… Mayor sofoco, imposible. ¿Qué había pasado? Enseguida corrigieron, ¡Uf! Cuando dieron el bocinazo, yo todavía estaba con el corazón a mil...


Empezamos a nadar. Parecía que lo de correr no se acababa nunca. Algún delfín. Seguimos corriendo. Nado. Sigo corriendo… y, finalmente, empezamos a nadar. La húngara iba un poco adelantada. Así que me decidí a hacer caso a Jaime y la sobrepasé. Las boyas se veían bien. El único inconveniente fue la lancha que se ponía delante. En alguna ocasión tapó la boya mientras nos mandaba sus olas. Lideré la prueba durante la primera vuelta. Luego, la húngara dio un pequeño cambio de ritmo. Pese a ello, me mantuve a su lado. Las indicaciones de Jaime eran ponerme a pies, pero todavía no me fío. Mejor, en paralelo, hasta enfilar los últimos doscientos metros, cuando sí me coloqué a pies.


La carrera por la playa fue dura. De hecho, yo casi no podía correr. Anna se marcó una salida y una transición espectacular. Salí segunda con la bici, en busca de Anna. No tardé en cogerla y, también en poco tiempo, engancharon Vanek y la italiana Steinhauser. Perfecto. Un buen cuarteto para poner tierra de por medio.


Dicho y hecho. Tiramos a relevos todas, a excepción de Vanek, cuyos relevos eran prácticamente testimoniales. Pero bueno... Trabajamos y nos entendimos bien y, lo más importante, sacamos más de tres minutos al grupo perseguidor. En la bici volví a disfrutar, a pesar del dolor de espalda. Me encontré cómoda y fuerte, compitiendo como a mí me gusta, dando la cara. Entré en primer lugar en la zona de transición, pero la lié colgando la bici. Se me cayó. Y el manillar se me enganchó con la pata de la barra. ¡Vaya pequeño desastre! Cuando conseguí solucionarlo, me puse las zapatillas y salí a por la italiana.


Anna hizo una transición perfecta. Por detrás, Vanek. Y luego, Steinhauser. Ya estaba todo el pescado vendido. Algo gordo tenía que pasar para que pudiera optar al podio. En cualquier caso, había que lucharlo...



Cuando empecé a correr, no me encontré todo lo bien que quería, ni las sensaciones eran las mismas que la semana pasada en Quarteira. De hecho, iba con la parte baja de los cuádriceps acalambrada. No me lo podía creer. No me iba a volver a ver en una situación igual. Incluso, en esos momentos, no sabía con certeza si podría acabar la carera. No podía ser… Pasados los instantes de duda, pensé: "a tope hasta que se suba del todo y no puedas ni andar... a por la italiana"...


Conseguí alcanzarla y me coloqué detrás, siguiendo sus pasos. Sin embargo, iba muy rápido. En la pequeña subida que había, cambió el ritmo y no pude seguirla. Aun así, intenté correr lo más rápido posible. Al paso por la segunda vuelta, parecía que los calambres se iban calmando... para dejar paso a algo peor... Empecé a sentirme bastante "apajarada". De nuevo, el mismo pensamiento... No tenía del todo claro que pudiera llegar a meta. Hasta me costaba ver los conos que delimitaban los carriles. Tenía que concentrarme para coger el agua. Estaba sufriendo mucho. Iba casi ciega. Sin embargo, hice un esfuerzo para coger referencias. Camila ya se había despegado de su grupo y venía a por mí. Se la veía con muy buena cara...


Una vuelta menos... Me crucé otra vez con ella. Vi que la ventaja era suficiente. Por tanto, empecé a concienciarme de que sólo me quedaban dos kilómetros y medio para llegar. Si no pasaba nada raro, sería cuarta. Me crucé con Anna: "Lo hemos conseguido", me dijo. Intenté mantener el ritmo, sufriendo hasta el final... Estaba hecho. Había un montón de gente animando, chocando manos...


¡Alegría inmensa! ¿Quién me iba a decir a mí que haría cuarta en una Copa de Europa? No puedo estar más contenta. Lo mejor de todo es que creo que tengo margen de mejora. Por fin estoy consiguiendo sufrir en la carrera a pie, tanto en las buenas como en las malas. Me estoy dando cuenta de que, con paciencia y constancia, todo sale. Hay que seguir entrenando con ilusión...



Muchísimas gracias a todos por vuestro apoyo, sobre todo, a mis patrocinadores. Sin ellos, esto sería mucho más complicado. Mil gracias a Specialized Bikes 101 por procurarme la bici perfecta y montarme las mejores cubiertas del mercado, a MIWS y Speedo por ayudarme a rendir en todos los entrenos de natación, a mi club, el X3M, a Hitachi, a fisico, también a mi jefe por facilitarme la planificación de los días libres y, como no, al míster. Sin él, todo esto no sería posible.


Ahora, a volver a la carga... Madrid está a la vuelta de la esquina...


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