14ª en la Copa de Europa de Quarteira

El jueves por la mañana ponía rumbo a Quarteira: 750 km por delante que, con la compañía de Ana Mariblanca, se pasaron relativamente rápido. Por la tarde, nadamos un rato en la zona por donde transcurriría el primer segmento. El agua estaba muy fría. Después de darme una ducha caliente, fui a correr por el circuito de carrera a pie, también al lado de la playa. Me gustó...


El viernes me levanté pronto para desayunar e ir al reconocimiento del segmento ciclista. Todo, muy llano y rápido, con dos subidas, una fácil y otra algo más dura pero sin complicaciones. Al terminar la bici, carrera a pie de veinte minutos con algunos progresivos. Y después de la media hora de siesta, a nadar en el circuito de natación, ya con las boyas. Estaban los deberes hechos. Sólo quedaba descansar y esperar...


Llegó el día. Primera competición de alto nivel de la temporada. Me levanté pronto para desayunar, ultimar los preparativos y distraerme un poco con el ordenador. A las 11:15 estaba comiendo. Una vez pasados todos los controles –bañador, dorsal, bici, etc.– y estar ya en el box colocando la bici, me di cuenta de que me había olvidado la bolsita con el gorro, las gafas, las gomas y la vaselina en el apartamento. ¡No me lo podía creer! Así que corriendo a por ello. Menos mal que Jaime me dijo que no calentara en el agua, que lo hiciera fuera. Creo que calenté de sobra con el esprint de bici que me pegué. Al fin tuve todo bien colocado. Justo a tiempo...


Y empezó la fiesta... Mi dorsal, el 54. En la salida estábamos hasta el 56, por lo que me coloqué en el primer hueco que encontré libre en la arena. Cuando dieron el bocinazo, salí escopeteada hacia al agua. Aquí no era la que más nadaba. Y menos, en el mar...


Tenía que estar atenta a colocarme bien y arrancar fuerte… Se fue haciendo un embudo. Finalmente, conseguí colocarme delante a pies, aunque me duró poco. En el giro de la boya, me desvié a la izquierda y perdí el grupo. No veía casi nada y estaba desorientada. Creía que nadaba hacia un lado y no era así... Al salir de la primera vuelta me limpié las gafas. El grupo de delante estaba más o menos cerca. Detrás, venía otro grupo a pies... En la segunda vuelta me orienté mejor. En el último tramo, traté de hacer un cambio de ritmo sin conseguirlo. En ese momento supe que la natación que había realizado no era la que debía –tengo que hacer muchísimo trabajo en aguas abiertas–.



En cualquier caso, no lo pensé mucho y me concentré en hacer una buena transición para no perder el grupo. Corrí rápido para arrancar en la tercera posición de mi grupo de bici. A los pocos kilómetros, enganchamos con el pelotón delantero, compuesto por veinte triatletas. Más tarde cogimos a la brasileña Oliveira.



Las dos británicas de cabeza cada vez abrían más hueco. Esta vez, yo no colaboré. Aunque tengo que reconocer que se me hizo difícil aguantar atrás sin “jugar” ni ayudar a ir más rápido. Era lo que tocaba. El ciclismo fue un mero trámite, bastante aburrido. Aproveché para ir focalizando lo que tenía que hacer en la carrera a pie...


Sexta vuelta terminada… ¡A boxes! Me coloqué lo más delante que pude. Por suerte, mi bici era la segunda. Salí corriendo rápidamente con mis "zapas nuevas", con las que ya me había encontrado bien un día de series, como si no hubiese mañana, a tope, de verdad... Intenté seguir en cabeza de mi grupo, donde, entre otras, había dos chicas de WTS. Pero poco duró, ¡jeje! Al paso del primer kilómetro, el reloj marcaba 3:26. Me acordé de las palabras de Jaime: “Corre como si fuera un sprint”. En mi cabeza, un pensamiento: “Hay que aguantar una vuelta así”. De modo que continué todo lo fuerte que pude. A lo largo de la primera vuelta, me terminé de colocar en lo que finalmente sería mi posición final. Conseguí hacer la carrera junto a una triatleta belga, de la cual terminé tirando gran parte del último segmento...


Había mucho público, con bastantes españoles que me animaban y me daban fuerzas para seguir corriendo a tope. ¡Muchas gracias a todos ellos! Al concluir la segunda vuelta, me dio un pequeño bajón al pensar: “Todavía quedan dos vueltas”. Pero también constaté que aún me quedaban fuerzas para mantener el ritmo. Sabía que Elías y Jaime me habían hecho sufrir más en algunos entrenos y que podía aguantar...


Cuando enfilé la última recta de la tercera vuelta, me sorprendí a mí misma al ser capaz de desplegar una pequeña estrategia. Aflojé el ritmo de manera premeditada para empujar a la triatleta belga a ponerse delante y se convirtiera en el mejor parapeto posible para el viento que empezaba a levantarse. Funcionó. Cuando quedaban pocos metros para iniciar la última vuelta, cambié el ritmo y la dejé atrás...


A trescientos de meta, me adelantó una rusa. Intenté pegarme a ella, pero fue imposible… Al cruzar la meta, me sentí súper feliz. Por fin, por fin, corría bien en un olímpico. Paré el reloj y eché un ojo rápido: 9.640 metros en 38:16, a una media de 3:58 el kilómetro…


En ese momento tuve que hacer un esfuerzo tremendo para que no se me saltaran las lágrimas. De una vez por todas, había conseguido correr rápido. El 16º mejor tiempo a pie era algo impensable para mí. Detrás de esto, hay un grandísimo trabajo de Jaime, no sólo de preparación física, sino también respecto a la confianza: en mí misma, en mis entrenamientos y en mis posibilidades. El otro soporte de esta confianza es Elías...


14ª y 1ª española… No puedo estar más contenta, a pesar de haber cometido varios errores. Ahora toca bajar de la nube, seguir entrenando y centrarse en los objetivos. Tengo que agradecer también a Specialized y Bikes 101, a MIWS y Speedo, todo su apoyo. Sin ellos, todo esto no sería posible... Gracias a Elena, una de mis alumnas, por dejarme su neopreno para esta carrera –el mío, ahora, me queda grande–. Y, por supesto, gracias a todos vosotros. ¡Este resultado también es vuestro!


Ahora, a por Melilla…


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