Semana Santa de puesta a punto

La semana pasada, para muchos, fue de vacaciones y de irse a entrenar cerca de la playa. Yo decidí quedarme en Madrid, trabajando un poco y siguiendo con los entrenamientos que tocaban. Al tener algo más de tiempo, pude separar un poco las sesiones, ¡todo un lujo! Así se entrena de maravilla.



Durante la primera parte de la semana, entrené con normalidad... Ya el miércoles estuve con Jaime en la pista para completar las series de carrera. Qué duro se me hizo. Eran 6x1500. Yo iba sin reloj. Sólo tenía que preocuparme de ir detrás de él. Al final hicimos 5x1500 y un mil "a fuego"... Me fui bastante cansada, pero muy contenta por cómo van estos entrenamientos.


La siguiente sesión exigente era el jueves: salida en bici con el X3M. Teníamos tres series en subida. No hay queja. Cuando el grupo tira de ti, es imposible que las cosas no salgan.


El sabado, después de la bici y aprovechando que íbamos a quedarnos a comer Elias y yo en Majadahonda, fuimos al restaurante de comida mexicana que acaba de abrir un amigo: "El gallo negro". Aparte de estar súper chulo, se come de maravilla y ayuda a recuperar, porque el resto del fin de semana entrené estupendamente –ya estoy deseando probar los batidos y desayunos para deportistas–.



Y para terminar la semana, ¿qué mejor que un buen entrenamiento de transición con series? ¿Y que, encima, salga mejor de lo que parecía? Eso sí, terminé agotada. Por la tarde aún parecía un zombi. Menos mal que la merienda me dio energías para seguir despierta.


Este lunes empezamos el día pasando por el fisio. A ver si consigo que mis piernas estén perfectas para el fin de semana. Ya queda poquito...



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