Domingo con premio

El fin de semana se presentaba intenso con el Campeonato de Madrid de Natación y los correspondientes entrenos de TRI. Pero no empezaba de la mejor manera... El viernes, el despertador debía haber sonado a las 7:15 para preparar la competición. Sin embargo, me desperté a las 8:15 pensando: "Qué raro... Creo que llevo mucho durmiendo...". Tenía que estar en la piscina a las nueve. Así que tuve que darme prisa para llegar a tiempo. Me tocaba nadar el 200 libres, aunque estaba realmente reventada. Muy, muy, muy cansada. Me tiré al agua con el quinto mejor tiempo e hice mi prueba –no pude seguir a la chica de al lado–. Intenté empezar no demasiado fuerte, porque sabía que mis piernas no estaban muy allá. Fui aumentando el ritmo hasta que en el último 50 me quedé sin fuerzas. Aún así, fue más la sensación de "reventón" que tenía yo... Terminada la prueba, tras haberme clasificado tercera para una final que no nadaría ya que me tocaba trabajar, me fui a nadar suave... Y volando para casa. Me quedaban dos horas y media de bici con 6x2' fuertes.


El sábado tenía dos opciones para hacer el entrenamiento de carrera –16x200 en la pista–. La primera fue ir al mediodía, después de trabajar. No pudo ser. Había partido de rugby. Mejor, por la tarde, tras acompañar a mis alumnos en la competición. Dicho y hecho. Cumplidas las obligaciones, a por el entreno.


Calenté. Las sensaciones eran buenas. Por fin parecía que había recuperado un poco. Hice tres en 38-39". Entonces, vino el responsable de la instalación a decirme que iba a cerrar. No me lo podía creer. ¡Qué mala suerte! ¡Y qué impotencia! Toda la semana sacando tiempo para entrenar, intentando hacerlo todo bien y recuperar todo lo posible, para que llegue el sábado y me quede a medias... No se podía hacer nada más. Se acabó el entrenamiento.


Ya el domingo, me desperté con la ilusión de volver a competir en la piscina. En esta ocasión, en el 400 libres. Calenté bien. No miré tiempos de series y salí a afrontar la eliminatoria de forma inteligente: no gastar cartuchos y clasificarme para la final. No fue difícil. La chica que nadaba a mi lado, la que iba con mejor tiempo, me llevó durante toda la carrera como si fuera un reloj. Las sensaciones fueron inmejorables, con fuerzas para seguir nadando a ese ritmo. Me marché a casa súper motivada y contenta con la prueba: 4:36 en piscina larga, ¿qué más podía pedir?


Por la tarde ya estaba algo más "nerviosilla". Me recordó a cuando era pequeña y empezaba a ir a los primeros campeonatos. Siempre quería hacerlo bien para llevarme alguna medalla a casa... Esta vez me apoyó la mejor afición posible: Elías y Pakillo, que el sábado habían estado compitiendo en Boiro. Hice el mismo calentamiento que por la mañana y tenía idéntico objetivo: disfrutar.


La táctica acordada con mi entrenador estaba clara. Si la primera salía muy fuerte, tenía que dejar que se marchara porque yo no iba a aguantar. Pero si me encontraba bien, me tenía que pegar a ella... Empezamos algo fuerte, pero mi sensación fue de ir más flojo, así que opté por pegarme y luchar hasta el final. En el 200 pasaba relativamente bien, aunque ya me di cuenta de que pasaría factura. En el 300 la cosa ya se puso un poco negra y tiré tanto como pude. Pese a todos mis esfuerzos, la primera se me fue. Al final, segunda y 4:32. Si es que una ya tiene una edad para estos trotes, ¡jeje!

Tengo que decir que, aunque hiciera mejor tiempo por la tarde, me quedo con la prueba de la mañana porque las sensaciones fueron geniales. Ahí no terminó el fin de semana. Me quedaba hacer la bici del domingo. Como ya era de noche, monté el rodillo en casa y terminé el día con una horita para "soltar piernas"...


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