4:25 en 400 libres... y bajando

Después del critérium del sábado, el domingo volví a competir en la piscina del Centro Deportivo M86. Pero ya no fue tan "relajadito" como hace dos semanas. Había gente que nadaba mucho y que podía ayudarme a mejorar el tiempo de la Liga.

Llegué a las 7:45 de la mañana, media hora antes de lo previsto. Ansia e ilusión a raudales... Pude charlar con mi entrenador, con el técnico de otro club y con conocidos del mundillo de la natación a los que hacía tiempo que no veía.


Por la mañana nadaba las eliminatorias del 400 libres. El objetivo era entrar en la final y no quemar todos los cartuchos, así que me limité a hacer lo que me dijo el entrenador: “A quedar tercera; sé inteligente”. Dicho y hecho. Salí con el freno de mano, ya que no me cuesta pasar rápido y luego se nota a medida que va transcurriendo la prueba. Finalmente hice 4:31, el mismo que la vez anterior, pero un poco más cómoda y con mejores sensaciones. Con este tiempo entraba octava en la final. Nadaría por la calle ocho. Tras la prueba nadé un poquito suave y me fui a casa a descansar. Comí unos espaguetis mientras veía las motos y luego me tumbé en la cama media horita. Por la tarde estaba más nerviosa y con más ganas. Venía "mi afición": mi chico, Elías, que nunca me había visto competir en natación, mi amigo Sergio Pena, y un compañero del X3M, Claudio, con su chica, Nuria. Estaba claro. Tenía que salir a dar lo mejor de mí. Como me dijo el entrenador: “¡Sal fuerte y échale huevos!”


Salí fuerte. Pero, al ver que pasaba primera en el 25, decidí tirar un poco de freno. Si no, la explosión podría haber sido brutal. La chica de la calle seis se convirtió en mi referencia. Al paso del 200 sentí que comenzaban a pesar los metros. Aunque todavía quedaba energía positiva para aguantar. En el 300 se empezó a hacer cuesta arriba y vi que "mi referencia" se marchaba. En el 350 no quedaba nada. Tiré con todo lo que pude, cabeza dentro, hasta el final... Terminé quinta con 4:25, un tiempo que no me esperaba y que me hizo realmente feliz. No está mal para llevar sólo un mes y medio entrenando con velocistas tres días a la semana. Con esto me gustaría hacer una reflexión para todos los niveles. Muchas veces sólo tenemos ilusión por la consecución de un objetivo. Nos olvidamos de disfrutar del camino. Perdemos la ilusión del día a día porque estamos pendientes del día D. Ahora, con la natación, yo no tengo ningún objetivo y disfruto de cada brazada, de cada serie, de cada entrenamiento y de cada "reventón". Cada día que voy al Sek, lo hago con los ojos desprendiendo motivación por hacer algo que realmente me apasiona. Y así, sólo así, se consigue rendir al 100%.

¡Cada vez tengo más claro que la cabeza hace mucho más de lo que realmente creemos!


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