De vuelta a la piscina... para competir

Como ya comenté, este año estoy entrenando en el Sek con el grupo de J. Camus, donde la mayoría de los nadadores son velocistas. Al verme más o menos bien y sobre todo tan motivada con los entrenamientos, decidí volver a competir de una forma más lúdica que anteriormente. Como llevaba cuatro años sin pisar una piscina, no tenía tiempos para acreditar y poder competir en el Circuito Madrileño. Por tanto, tenía que nadar en la Liga de Madrid para poder hacer tiempos.

Volver a competir en la M86 me hizo especial ilusión. Es una de las piscinas de las que guardo mejores recuerdos, por ejemplo del Campeonato de Europa del 2004. Además, hay fotos mías por “todos lados” y eso motiva a cualquiera.



El sábado salí de trabajar, comí rápido y bajé a Madrid a la M86. No contaba con que hubiese tan poco sitio para aparcar y me tocó buscar. Justo cuando vi un hueco, otro coche, al dar marcha atrás, me golpeó en la puerta. Más nervios que añadir a los que ya traía. Menos mal que era el padre de una de las niñas y pudimos hacer el parte después de competir. En caso contrario, seguro que no habría llegado a tiempo.

Bueno, por fin me presenté en la piscina. Sólo me quedaban quince minutos de calentamiento...

Hoy por hoy no controlo mi ritmo ni la prueba (400 libres). Pensaba que podía hacer sobre 4.30, pero todo dependía de mí. Nadaba en la primera serie, la “mala”, con niñas de 13 añitos. Me dio algo de apuro al verles la carita que tenían. Intenté no salir demasiado fuerte porque se me podía hacer un poco largo. Al principio pensaba que iba bien, que cuando llegase al 250 podría intentar cambiar el ritmo. Pero, aunque durante los primeros metros no lo noté, salí más fuerte de la cuenta (1.02). Al paso por el 150 empecé a notar los brazos y las piernas como si fuera el muñeco de Michelin. En el 200 ya había doblado a alguna de las chicas y casi al terminar la prueba las volvía a doblar. Terminé realmente reventada. Cuando mis "compis" me dijeron que había hecho 4.31, no me sorprendió, ya que contaba con ello. Lo que si me extrañó es que desde fuera no se notara que no podía más. Se pensaban que daría algún cambio de ritmo. ¡Pero ya me hubiese gustado!



El domingo por la mañana, nuevo madrugón. Después de calentar hablé con el entrenador. Le comenté que quería hacer 2.05. Me dijo que saliera fuerte pero sin pasarme. Estaba intranquila. No encontraba esa sensación de notarme competente. Imagino que porque volvía a estar en la serie “mala”. Nadaba en la calle 0 y tenía que estar pendiente únicamente de mi carrera. Salí fuerte pero “cómoda”. O eso era lo que yo sentía (28 largo y 1.01). El segundo 100 fue interminable. Por más que metía la cabeza dentro y daba brazadas y patadas, no avanzaba. Y viraje a viraje, cada vez peor… Al final, 2.08. No muy contenta ¡Pero es lo que hay! Toca aprender de la vuelta a la competición, seguir entrenando y en la siguiente hacerlo mejor.


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