Remen, remen...

Hoy os presento las remadas, un ejercicio que nos vale tanto para el nivel de iniciación como para el de perfeccionamiento. Los más novatos pueden ayudarse de la tuba y mover un poco los pies, aunque lo suyo es hacerlo sin moverlos –con pull siempre–. 

 

Aquí tenéis algunas de las remadas que existen. Su finalidad es ganar sensibilidad, apoyos en algunas partes de las brazadas y fuerza en esas partes. Cuando tenemos dominado este tipo de ejercicio, podemos hacerlo con las palitas pequeñas, aunque tened por seguro que acabaréis con los antebrazos agotados.

 

¿Sabéis por qué me gusta mucho este ejercicio, sin importar el nivel que tengamos? Porque ayuda mucho a reflexionar y a hacer las cosas bien hechas. Según cómo pongamos la mano y la muñeca, empujaremos el agua hacia un lado u otro y, aunque parezca mentira, a algunas personas les sirve para darse cuenta de las cosas que hacen mal nadando.

 

Como vengo diciendo desde el primer día, me gusta que la gente aprenda experimentando las cosas y, en muchas ocasiones, somos capaces de resolver nuestras propias dudas. Así que si introducís las remadas en vuestros entrenamientos, sobre todo los más novatos, hacedlo atentos a lo que sentís, a cómo colocáis las manos y las muñecas y hacia dónde empujáis o dónde debéis empujar el agua.

 

Mucho ánimo a aquellos que os cuesten más. Y ya sabéis que, con práctica y paciencia, todo sale...

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