DEPORTISTA VS NADADOR

“Soy muy deportista. Sin embargo, en la piscina no aguanto nada y no sé por qué”. “Yo sé nadar pero me canso muy rápido y tengo que pararme constantemente”. “Tengo un problema con la respiración. Algo hago mal que me agoto enseguida”... Si a ti también te pasa lo mismo, atento, porque te voy a explicar la razón…

 

Para empezar, por muy deportistas y atléticos que seamos, la natación se practica en un medio que nos es totalmente extraño y antinatural: el agua. El cuerpo cambia de posición vertical a horizontal, la gravedad deja de influir y la flotabilidad gana importancia. Así pues, la percepción de nuestro propio cuerpo es diferente a la que tenemos cuando apoyamos los pies en la tierra. La respiración también se lleva a cabo de manera totalmente diferente a como se realiza en el resto de deportes. Todo esto, aunque no nos dé miedo el agua, provoca una elevada dosis de estrés y, por consiguiente, una gran cantidad de fatiga. Y todavía no hemos empezado a movernos…

 

Lo primero que debemos hacer es olvidarnos de que somos deportistas terrestres y empezar a nadar desde cero, como si nunca antes hubiésemos hecho deporte. Por mucha base aeróbica y resistencia que tengamos fuera del agua, no se transfieren en la piscina. Por consiguiente, es normal que nos agotemos enseguida y tengamos la sensación de asfixia. Al igual que en todos los deportes, debéis empezar a trabajar vuestra resistencia poco a poco, sin descuidar, en primer lugar, una familiarización acorde a vuestro nivel. En definitiva, cambia tu chip de deportista. Ahora eres nadador y necesitas un aliado: el agua...